Liderar con propósito: construir desde la deconstrucción emprendedora

Hay una narrativa ya viejuna que nos dice que liderar es resistir más que nadie, saber más que nadie y decidir por todas. Esa narrativa huele a rancio. Liderar con propósito es otra cosa: es nombrar lo que importa, diseñar alrededor de ello y permitir que otras personas lo amplifiquen. Para llegar ahí, muchas veces toca deconstruir: desmontar creencias, prácticas y metas heredadas que no encajan con el impacto que queremos crear.

¿Qué es “deconstrucción emprendedora”?

No es destruir tu proyecto: es quitar capas para quedarte con lo esencial y volver a armar desde una intención clara. Implica hacerte preguntas incómodas:

  • ¿Para qué existe mi iniciativa más allá del beneficio económico?
  • ¿A quién sirve y a quién excluye sin querer?
  • ¿Qué prácticas estoy replicando por inercia y no por convicción?
  • ¿Dónde mi ego está sustituyendo a la escucha?

La deconstrucción abre espacio para rediseñar procesos, métricas y cultura. Y, sobre todo, te devuelve foco: cuando sabes para qué lideras, es más fácil decidir qué no hacer.

Del “yo puedo con todo” al “lo construimos juntas”

El mito de la mujer orquesta agota y empequeñece los proyectos. Las iniciativas con propósito real se sostienen en redes: proveedoras alineadas, clientas embajadoras, mentoras, aliadas del territorio, comunidad digital… Liderar con propósito es saber convocar y ceder protagonismo.

Cómo se ve en la práctica:

  • Pasar de contratos transaccionales a alianzas de valor compartido.
  • Diseñar espacios de co-creación con clientxs y usuarixs.
  • Establecer gobernanza clara: quién decide qué y con qué criterios (no todo pasa por ti).
  • Reconocer y redistribuir poder: más transparencia, más datos abiertos, más participación.
Propósito que se pueda medir

El propósito sin métricas se queda en eslogan. Deconstruir también es cambiar qué medimos:

  • Del “solo facturación” al triple impacto: económico, social y ambiental.
  • Indicadores de bienestar del equipo (rotación, carga mental, autonomía real).
  • Accesibilidad e inclusión (quién puede acceder a tu producto/servicio y quién no, por precio, idioma, canal, horarios).
  • Huella y circularidad (consumo de materiales, residuos, logística).

Mide poco, pero mide bien: 3–5 indicadores faro que revises cada mes. Lo demás es ruido.

Procesos con intención: menos caos, más diseño

Deconstruir el “así se ha hecho siempre” te permite rediseñar procesos para que el propósito no se pierda en la operativa.

  • Ventas: prioriza relaciones a largo plazo, educa al mercado, comparte el porqué.
  • Producto/servicio: ciclos cortos, prototipos, feedback temprano; mejora continua basada en evidencia.
  • Personas: roles claros, salarios transparentes, políticas de cuidado, formación en liderazgo distribuido.
  • Dinero: mezcla fuentes (ventas, subvenciones, inversión paciente), evita ataduras que te obliguen a traicionar tu visión.
Cultura: lo que de verdad sostiene

La cultura es el sistema operativo. Si no la diseñamos, se instala sola… y suele replicar lo de siempre.

Pilares prácticos:

  • Rituales de propósito: abre reuniones con un recordatorio del para qué y cierra con aprendizajes.
  • Espacios de desacuerdo seguro: diferencia entre debatir ideas y cuestionar personas.
  • Velocidad sostenible: cadencia clara (sprints, descansos, semanas “light”), no todo es urgente.
  • Reconocimiento visible: celebra comportamientos alineados con el propósito, no solo resultados.
Decir que no (y por qué)

La deconstrucción también es renunciar: a oportunidades que desvían, a clientes que no respetan, a crecimientos que te rompen. Un “no” bien explicado es liderazgo. Ten una lista de no negociables (calidad, plazos humanos, condiciones éticas) y úsala para decidir.

Liderazgo que multiplica

Liderar con propósito no es ser heroína, es ser multiplicadora. Tres prácticas que cambian el juego:

  1. Mentoría y transferencia: documenta procesos, comparte plantillas, enseña lo que sabes para que no dependa de ti.
  2. Visibilidad con criterio: usa tu altavoz para abrir puertas a otras, no solo para vender.
  3. Aprendizaje continuo: indicadores, retrospectivas, test A/B de impacto; equivocarse rápido y barato.
Cómo empezar mañana (sin pedir permiso)

  1. Declara un propósito de una sola frase. Que sea comprensible por cualquiera y accionable.
  2. Elige 3 indicadores faro (p. ej., ingresos recurrentes, empleos dignos creados, % de materiales reciclados).
  3. Mapa de red: identifica 10 aliadas clave (personas o instituciones) y define qué valor podéis crear juntas.
  4. Guía de decisiones de 1 página: criterios para priorizar (alineación con propósito, impacto, esfuerzo, riesgo).
  5. Ritual semanal: 30 minutos para revisar indicadores, aprendizajes y un “stop doing”.
  6. Política de cuidado mínima viable: horas de cierre, comunicación asíncrona, vacaciones reales, accesibilidad básica.

Liderar con propósito es un acto de valentía cotidiana: elegir el para qué antes que el cómo, poner la red por encima del ego y construir con coherencia, paso a paso. La deconstrucción emprendedora no te deja a la intemperie; te deja ligera. Y desde ahí, liderar ya no es cargar con todo: es hacer posible que muchas más caminen contigo.

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